Nuestra biblioteca

Nuestra compañera Pilar López Ávila, pregonera del Día de las Bibliotecas 2020

Una vez más traemos a este blog a nuestra querida compañera de Biología Pilar López Ávila, en esta ocasión con motivo de la celebración del Día de las Bibliotecas, del que será pregonera en el acto institucional que tendrá lugar en Moraleja el 23 de octubre. Felicitamos a Pilar por esta elección, tan merecida, por recordarnos que también las bibliotecas son pregoneras de “historias de amor y aventuras, de guerras y locuras, de humor e inconsolable tristeza, de vida y lugares que nunca viviremos y en los que nunca estaremos, y que solo podremos imaginar”; y por animarnos a convertirnos nosotros mismos en pregoneros de todo lo que hemos leído, visto y oído en ellas.

Podéis leer aquí el contenido completo de su pregón:

BIBLIOTECAS PREGONERAS

Pilar López Ávila

Me gustaba, cuando era más joven, escuchar al sillero.

El sillero era un hombre que iba con un fardo cargado de eneas -también llamadas espadañas, y que recogía seguramente en la ribera de algún arroyo-, voceando su oficio por las calles.

“El silleroooooo”, anunciaba a voz en grito, pregonando: “Se arreglan sillas, mecedoras, taburetes, cestos…”. A mí me encantaba asomarme al balcón y descubrirlo, su pregón lo delataba, y en una ocasión vi cómo reparaba el asiento de una de esas antiguas sillas de enea.

Había otros artesanos que pregonaban su mercancía o su oficio por las calles: el mielero, el vendedor de sandías y melones, el afilador, y en este caso era la melodía de su flauta de Pan la que pregonaba por él.

Según el diccionario, el pregón es la promulgación en voz alta de algo que conviene que todos sepan; y también es el discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella. Por ende, el pregonero o pregonera es quien publica o divulga en alta voz los pregones y hace notorio lo que se quiere hacer saber a todos. Han sido los pregoneros, desde antaño, los encargados de anunciar los acontecimientos, de dar avisos o informar al vecindario sobre cuestiones importantes, de ofrecer servicios o mercancías.

Hasta el viento, de forma simbólica, aparece en los cuentos como pregonero. Portador de noticias, recorre las ciudades, vuela luego sobre los montes y los valles, sobre los océanos que bañan el otro lado del mundo, entra por las ventanas abiertas de las casas, atesora historias que susurra al oído de quien esté dispuesto a escucharlas.

En esta ocasión, he tenido la suerte de ser la pregonera del Día de la Biblioteca, y como tal, me he propuesto llevar a cabo lo mejor posible mi cometido, así que vengo a anunciar en voz alta, a los cuatro vientos, que las bibliotecas guardan en su seno algo muy preciado, más valioso que los diamantes de Simbad el marino, que el tesoro de un cofre escondido por algún pirata con pata de palo en una isla desierta, que las inmensas riquezas de Aladino, o que las ricas telas de la cueva de Alí Babá. Las bibliotecas atesoran, como el viento, historias de amor y aventuras, de guerras y locuras, de humor e inconsolable tristeza, de vidas y lugares que nunca viviremos y en los que nunca estaremos, y que solo podremos imaginar. Historias escritas en libros para todo el que quiera leerlas.

Hoy os anuncio la celebración de esta festividad, y quiero contaros además que las bibliotecas no son únicamente lugares donde encontrar libros, discos, películas o revistas, sino que también son pregoneras, y las personas que en ellas trabajan, las bibliotecarias y los bibliotecarios, invitan al público a participar en multitud de actividades para que esas historias lleguen lejos, más allá de los estantes y las paredes en las que se guardan.

Desde clubes donde se comparten opiniones sobre lo leído, hasta cuentacuentos para que los más pequeños escuchen las historias del viento; desde presentaciones de libros, hasta resultados de investigaciones bibliográficas, celebraciones de días relacionados con la lectura, exposiciones, charlas…

Como feliz pregonera de este día, os anuncio que leer es uno de los actos más gozosos en los que se puede embarcar una persona, os animo a que vayáis a las bibliotecas con los ojos y los oídos bien abiertos, con disposición a escuchar, ver, sentir todo lo que os quieran contar los que en ellas habitan. Y que al salir pregonéis lo que habéis visto, leído y oído, para que os convirtáis así en personas pregoneras, y vuestras palabras viajen lo más lejos posible, a los lugares a los que ni siquiera llega el viento.

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